Decía Pablo VI en su exhortación apostólica sobre las necesidades de la Iglesia en TS: “Si su presencia (de los franciscanos) llegase a faltar, se apagaría junto a los santuarios el calor de un testimonio viviente, y los Santos Lugares cristianos de Jerusalén y Palestina se convertirían casi en museos” . Para que esto no ocurra los franciscanos de todo el mundo, y de una manera muy especial, a nuestra Provincia, nuestros hermanos de allí nos piden ayuda a través de la solidaridad de sentimientos y de proclamación de cuanto aquella misión significa para nosotros y para toda la Iglesia. No olvidemos que la constante presencia de los franciscanos en TS y su empeño por la evangelización y promoción de los valores cristianos ha sido determinante en la formación y desarrollo de aquella Iglesia local, hasta hacer posible la restauración del Patriarcado Latino en 1847.
Según el sentir de la Orden hoy, el trabajo en TS debe ser visto como uno de los principales de la Orden y considerarse a la Custodia como la perla de las misiones, pues esta actividad de los franciscanos no es mera accidentalidad o hecho histórico acontecido por azar, sino que debe ser vista en la línea de la identidad del carisma franciscano.
Tierra Santa, octavo sacramento de la Iglesia o el quinto evangelio, como quieren algunos, nos hace posible revivir la encarnación del Hijo de Dios, nos permite releer los pasos de la Redención de Cristo y nos revive la venida del Espíritu Santo. Temas tan queridos y vividos por nuestro padre Francisco y tan reflexionados, estudiados y orados por nuestra teología y espiritualidad a través de todos los siglos de su existencia. Por ello, también, desde los albores del cristianismo TS ha tenido un enorme poder de seducción para los cristianos. Los Santos Lugares les recordaban los orígenes de su fe.
Que nosotros estemos allí, no es mera casualidad, sino fruto de un espíritu nacido del contacto con la Palabra de Dios que en TS tiene su escenario vivo. Algo que marcará más tarde a nuestros grandes doctores y místicos de la Historia Franciscana. Incluso tenemos allí uno de los más prestigiosos centros científico de estudios Bíblicos de la Iglesia como es la Facultad de Estudios Bíblicos y Arqueológicos franciscano de Jerusalén, donde algunos de nosotros tuvimos la gracia y el honor de estudiar durante algunos años.
El sentimiento de amor y cercanía con aquella Iglesia y con aquellos hermanos es grande por nuestra parte. Sin embargo se constata, y de manera particular, en los hermanos más jóvenes, que aumenta el desconocimiento y el aprecio por aquella misión tan querida por la Orden disminuye, al menos aparentemente que, por otra parte, el aprecio es enorme en los laicos de todo el mundo, mientras que nosotros los franciscanos, en muchas ocasiones, damos la impresión de indiferencia, sin apreciar suficientemente la riqueza espiritual y humana que la Iglesia nos ha encomendado, particularmente a nosotros los franciscanos. Es evidente que el interés, cada vez mayor de la Santa Sede y de los obispos, por la Custodia no se refleja suficientemente en nuestra Provincia.
Pretendo que sea cada día más verdad en nosotros la actitud que Juan Pablo II reflejaba hacia aquella Iglesia en su visita del año 2000, cuando les decía: “Toda la Iglesia está con vosotros. Toda la Iglesia comparte vuestras preocupaciones, sostiene vuestros esfuerzos diarios, es partícipe de vuestros sufrimientos y, mediante la oración, mantiene viva la esperanza”.