“ Tu, oh Dios, has realizado la salvación en el centro de la tierra ” (Sal 73,12)
Comentando este salmo, San Cirilo de Jerusalén dice: “ Extendió las manos en la cruz para abarcar los confines de la tierra, ya que este Gólgota es el centro de la tierra. Lo que digo no es cosa mía, sino del profeta que dice: “Obró la salvación en medio de la tierra ”.
La centralidad del Gólgota, porque en él ha realizado Dios la obra de la salvación por la muerte redentora de su Hijo, la amplían otros Padres al Santo Sepulcro, lugar de la victoria de Cristo resucitado:
“ El sepulcro del Señor está en el centro del Templo (la Anástasis); el templo, en el centro de la ciudad… fuera de la iglesia está el centro de la tierra, del que dice David: “has realizado la salvación en el centro de la tierra”. Otro profeta dice: ésta es Jerusalén, la he puesto en medio de las naciones “ (Pedro Ibero)
Calvario-Gólgota y Santo Sepulcro-Anástasis hacen de Jerusalén el centro de la tierra, del que irradia la salvación hasta los confines de la tierra, -por la fuerza del Espíritu y el testimonio de los Apóstoles-. A esos lugares, dentro de Jerusalén, volvemos lo ojos y encontramos las raíces de nuestra fe: “ todos han nacido allí ” (Sl 86,6). Y podemos decir, con San Pablo: “ ella es nuestra madre ”.
La Iglesia-Madre de Jersulén: a la que acuden los peregrinos en busca de los Santos Lugares; en la que viven distintas comunidades eclesiales –con el drama de la división- porque creen en la fuerza de esa misma gracia, que brota de “ las fuentes de agua viva ”; que está formada por un pequeño resto; ¡los cristianos de Tierra Santa! Que con su presencia secular dan vida y calor a los santuarios, pero que viven en una situación dramática.